En el sesenta y tres aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos creo oportuno hacer algunos comentarios por tan sublime evento y  como no “felicitarnos” todos los seres humanos  o mejor dicho una parte de nosotros,  por la gran conquista que sin duda alguna hemos logrado. Lo angustioso es que hoy en día más del cincuenta por ciento de la población mundial vive en la más absoluta pobreza. Así que si el objetivo principal de los Derechos Humanos es combatir las desigualdades así como erradicar el hambre del mundo, me temo que hay poco que  celebrar.

Como puede permitirse que más de la mitad de la población no pueda alcanzar el bienestar al que todo hombre/mujer tiene derecho? ¿ Cual es el primero de estos derechos? Sin duda alguna, es el derecho a existir. Por lo tanto, la primera Ley Social es aquella que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para su subsistencia, estando todas las demás leyes subordinadas a esta.

Ya en la Edad Media los soberanos rodeados de “una pandilla” de señores feudales y clérigos reclamaban un derecho divino. e impusieron a los campesinos altas rentas sobre las tierras de las que ellos se consideraban sus legítimos dueños por designio de Dios. La imposición de altas rentas y la imposibilidad de poseer las tierras por parte de los campesinos hizo que estos se vieran abocados a sufrir todo tipo de vejaciones. Cuando los reyes, con el fin de financiar sus sueños de poder y codicia, comenzaron a cobrar impuestos también a los ricos, las clases altas comprendieron la conexión entre sus bienes y el concepto de riqueza.

De ese modo, hoy en día, el mercado económico es el que tiene “el derecho divino” a través de sus entidades bancarias de despojar a las gentes de sus propiedades y la crisis estrecha con su mortifero abrazo a las clases medias, allí donde existen, sin contar con los estragos que hace a los asalariados y a los que han perdido sus empleos. En el resto del mundo “se conforma” con mantener altas tasas de pobreza y mortandad.

Por todos estos abusos y por corresponsabilidad somos complices de un crimen incomensurable contra la Humanidad al defender el actual orden económico. Con el agravante de actuar contra nosotros mismos.

En Occidente, donde tenemos “remedios” para todo, hemos inventado las O.N.G. y me consta que existen miles de personas implicadas en paliar el sufrimiento ajeno. El problema es que este humanitarismo puede ser considerado la caridad del siglo XXI sirviendo para limpiar nuestras conciencias de paso. Si a todo esto añadimos que la mayor parte de las ayudas terminan en los bolsillos de los dirigentes de estos paises, flaco favor les estamos haciendo.

Tambien los occidentales hemos encontrado la forma de comprar barato. Los paises asiáticos nos invaden con sus productos ya que al no existir derechos humanos en estos paises los obreros trabajan en estado de esclavitud siendo los costes de producción irrisorios. Así contribuimos a crear Estados poderosos que se permiten el lujo de prestar dinero a Occidente a costa del sacrificio de sus pueblos. Por este motivo nuestros centros de trabajo se ven obligados a cerrar sus puertas dando lugar al desempleo de millones de trabajadores que dependen de los servicios sociales que, si la situación no se remedia, terminarán extinguiendose.

En el siglo XIX con el crecimiento y la  modernización de la industria los obreros pensaron que perderían sus trabajos. Sin embargos los más esclarecidos intuyeron que la aplicación de las nuevas tecnologías contribuiría a una mayor calidad  ya que las maquinas trabajarían para su descanso . Transcurrido el tiempo y habiendo logrado que la industria y  el comercio funcionen practicamente sin mano de obra, la jornada laboral no ha sido reducida sino mantenida.

Tal vez parte de la solución a los problemas de la Humanidad radique en volver al sueño de esos antiguos trabajadores que creían que la maquina vendría a redimir al hombre de los esfuerzos y penuría en los que vivía.

Roca.

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